17 de julio de 2012

Corazón chiquito


¿Quien no ha escuchado o leído por ahí esa frase que reza “me rompiste el corazón? Siempre creí que era algo anticuada, rosa y hasta ridícula. Pero sí, hay ocasiones que ameritan recordar o pronunciar, aunque sea mentalmente, esas palabras. “Me rompiste el corazón”, así se siente literalmente. Toda una presión corre a refugiarse al pecho, sientes el corazón chiquito, fruncido, pasmado y duro. Después, el dolor te cierra la garganta, se te contrae el abdomen y sientes que el aire se niega a entrar a tus pulmones. Ese corazón diminuto se siente roto y un ¡pum! lo hace trizas. Sientes como cachito a cachito se difumina por todo el cuerpo generándote un dolor casi insoportable. No es un dolor del todo físico, es un dolor del alma que, como única conexión a ese corazón, nos hace sentir vivos, pero en situaciones como éstas,… muertos. La mente explota, luego quiere huir, se cierra, se pasma y finalmente cede a un letargo que te sumerge en un profundo sueño.
Despiertas. Crees que ha sido una pesadilla, pero no, el dolor es real. Te ves al espejo y tus ojos se ven hundidos en manchas oscuras. La mirada te cambia. No eres tú… Caminas como un zombie. Tus personas cercanas te hacen la típica pregunta: “¿Qué tienes?” y tu les das la clásica respuesta: “Nada…”. No los engañas, pero tampoco pretendes contar la historia. No te importa lo que piensen. Tú solo te concentras en el dolor, tratas de asimilarlo ruegas porque los días corran para que el tiempo haga su trabajo y te ayude a olvidar, a generar otra perspectiva sobre eso que perdiste.
Es una historia más de un corazón roto que, sanará. ¿Cuándo? No lo sabemos. Pueden ser días semanas… No sabemos. Pero vivimos el duelo y tratamos de pactar con él para que esto que nos estruja termine pronto.

“Mentes rotas,
Corazones rotos”